Memphis Milano: cuando Sottsass decidió que el diseño podía ser divertido
El 18 de septiembre de 1981, en una galería de Milán, un grupo de jóvenes diseñadores presentó cincuenta y cinco piezas que parecían escapadas de un dibujo animado: estantes en forma de tótem, lámparas de colores imposibles, superficies cubiertas de puntos y zigzags. Los críticos no sabían si reír o escandalizarse. Cuarenta y cinco años después, Memphis sigue siendo la prueba más clara de que el buen diseño no tiene por qué ser serio, y de que una pared puede aprender mucho de su alegría.
Un diciembre de 1980, un disco de Bob Dylan
Memphis nació el 6 de diciembre de 1980 en casa de Ettore Sottsass, arquitecto y diseñador que ya había firmado la máquina de escribir Valentine para Olivetti. Aquella noche se reunieron con él jóvenes como Michele De Lucchi, Matteo Thun, Aldo Cibic, Marco Zanini y Martine Bedin, además de la crítica Barbara Radice. Según se cuenta, sonaba en el tocadiscos Stuck Inside of Mobile with the Memphis Blues Again, de Dylan, y de ahí salió el nombre: una ciudad de Tennessee y, a la vez, una capital del Egipto antiguo. Esa ambigüedad lo resumía todo.
La reacción tenía un objetivo claro: el funcionalismo de posguerra, que había convertido el hogar en un ejercicio de sobriedad. Sottsass defendía que el diseño empieza donde termina la mejora racional y empieza la magia. Un mueble podía servir para algo y, además, emocionar, provocar o hacer sonreír.
El lenguaje: laminado, terrazo y geometría sin complejos
Lo más sorprendente de Memphis es el material. En lugar de maderas nobles o cuero, usaba laminados plásticos de colores, un recurso propio de las cocinas de formica, junto con terrazo, estampados animales y hasta tubos de neón. La librería Carlton, de Sottsass, con sus brazos como ramas de un árbol de colores, se convirtió en la imagen del grupo: un mueble que más parece una escultura, fabricado con un material humilde y vendido como objeto de lujo.
Esa mezcla de lo barato y lo exquisito es, quizá, su legado más actual. Memphis demostró que el valor de un objeto no depende de su precio, sino de su idea.
Estampados que se quedaron en la pared
Parte de su influencia pasó por la superficie. Nathalie du Pasquier, una de las integrantes del grupo, creó textiles de patrones gráficos, líneas onduladas, trazos y cuadrículas, que acabaron viviendo muy cómodos en el papel pintado, el vestuario y, hoy, las láminas decorativas. Entre los diseñadores que se sumaron después figuran George Sowden, Shiro Kuramata, Michael Graves o el valenciano Javier Mariscal, que recuerda que esta revolución tuvo también un acento español.
Coleccionistas como Karl Lagerfeld o David Bowie compraron Memphis cuando aún se discutía si aquello era diseño. La casa de moda, el cine y la publicidad lo adoptaron después; el grupo se disolvió a finales de la década de los ochenta, cuando su éxito comercial empezó a diluir el gesto original.
Cómo llevar a casa el espíritu Memphis sin parecer una fiesta de 1985
El riesgo de Memphis es la caricatura. La clave está en tomar la actitud, no el disfraz.
Una sola pieza protagonista. Una lámina de formas geométricas y colores primarios sobre una pared lisa, con un marco sencillo, ya aporta ese punto desinhibido sin saturar la habitación. La lógica es la de una pared protagonista: un solo foco y mucho aire alrededor.
Color en bloques, no en confeti. Elige dos o tres tonos y repítelos en un cojín, una alfombra o un jarrón. Si quieres profundizar en esa idea, el color blocking con arte funciona como manual de instrucciones.
Contraste con lo neutro. Memphis brilla cuando convive con un fondo calmado: paredes blancas, madera clara, lino. En una casa ya cargada, pierde fuerza y se convierte en ruido.
Geometría con ritmo. Círculos, triángulos y líneas quebradas, repartidos en un tríptico o una composición asimétrica, dan movimiento. Para escoger el tipo de obra, el arte geométrico y la abstracción formal son un buen punto de partida.
Memphis, Bauhaus y Pop: una familia discutiendo en la cena
Memphis no se entiende sin aquello contra lo que se rebelaba. Si te interesa el origen de esa disciplina que Sottsass quería sacudir, la influencia de la Bauhaus en el hogar contemporáneo ofrece el contraste perfecto, y el Pop Art de Warhol da la otra pista: la cultura popular también era material de diseño. En el extremo emocional de esa escala, el dopamine decor es su heredero más directo.
Para quien quiera empezar por lo gráfico, hay mucho terreno en las láminas abstractas de formas simples y paletas atrevidas. No hace falta renunciar a nada: basta con elegir una y colgarla con un buen marco.
Lo que Sottsass dejó, más que un estilo, es un permiso: el de que una casa pueda tener humor sin perder criterio.


