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El Art Déco no es nostalgia: es una filosofía estética que nunca dejó de tener sentido. Descubre cómo los interioristas más influyentes de hoy reinterpretan sus formas, sus dorados y su fascinación por la belleza funcional para crear espacios que parecen sacados de una película de los años veinte pero hablan, inequívocamente, el idioma del presente.

Una revolución que nació entre dos guerras

Cuando el Art Déco irrumpió en la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales Modernas de París en 1925, el mundo estaba hambriento de belleza. Después de la Primera Guerra Mundial, Europa necesitaba un estilo que celebrara el lujo sin culpa, que abrazara la modernidad sin renunciar al ornamento, que dijera sí a los placeres de la vida con la misma energía con la que el jazz estaba reinventando la música. El resultado fue un movimiento que, cien años después, sigue siendo irresistible.

Lo que diferenciaba al Art Déco de sus contemporáneos era su absoluta falta de timidez. Mientras el Bauhaus predicaba que la forma sigue a la función, el Déco respondía que la función también podía ser hermosa, lujosa, exuberante. Los mármoles de colores, los metales dorados, los relieves geométricos y las lacas orientales no eran excesos: eran declaraciones de intenciones. Un interior Déco decía, sin posibilidad de malentendido, que sus habitantes entendían el mundo como un espectáculo en el que valía la pena participar con elegancia.

El estilo floreció en los transatlánticos, los hoteles de las grandes capitales, los rascacielos de Nueva York —el Chrysler Building sigue siendo su monumento más fotogénico— y los salones de la alta burguesía europea. Pero nunca murió del todo. Se fue adormeciendo bajo capas de minimalismo y funcionalismo hasta que, en los últimos años, ha emergido con una fuerza que sorprende incluso a sus más rendidos admiradores.

Por qué el Déco seduce ahora más que nunca

Hay algo en el momento actual que explica el regreso del Art Déco. Vivimos en una era de saturación visual digital, de pantallas omnipresentes y de estéticas efímeras que nacen y mueren en semanas. En ese contexto, la solidez ornamental del Déco ofrece lo que muchos espacios domésticos están perdiendo: permanencia, intención, carácter.

Los interioristas más influyentes del momento —desde Kelly Wearstler en Los Ángeles hasta los estudios parisinos que trabajan para la nueva generación de clientes con criterio— han vuelto a las formas geométricas rotundas, a los contrastes de negro y dorado, a los suelos de damero y a los tapices con motivos abstractos que parecen sacados de las ilustraciones de Erté. Pero lo hacen con una mirada contemporánea: sin pastiche, sin museo, sin el peso muerto de la cita literal.

La clave está en la selección. Un interior Déco en 2026 no necesita ser exhaustivo para ser convincente. Puede bastar con una cómoda lacada en negro con tiradores dorados, un espejo con marco de rayos en latón, y una lámina con composición geométrica y paleta rica en ocres, negros y dorados. El resto del espacio puede ser limpio, incluso austero. La tensión entre esa austeridad y el gesto Déco es exactamente lo que hace que el resultado parezca decorado por alguien con gusto verdadero.

Los elementos definitorios y cómo incorporarlos sin exceso

El Art Déco tiene un vocabulario visual reconocible que conviene conocer antes de empezar a decorar. Las formas geométricas son su ADN: el zigzag, el chevron, el abanico, el sol radiante, el arco escalonado. Los materiales son su carne: mármol negro, latón, laca, terciopelo, piel. Los colores son su voz: negro, dorado, champán, azul noche, verde botella, rojo lacado.

Para incorporar estos elementos sin caer en el disfraz, la regla de oro es elegir uno o dos focos Déco y dejar que el resto del espacio respire. Una pared revestida de papel pintado geométrico en dorado y negro puede ser el protagonista de un salón perfectamente contemporáneo si los sofás son neutros y los suelos son de madera clara. Un cuadro con composición abstracta de inspiración Déco —líneas radiantes, tramas geométricas, paleta en tonos joya— puede anclar un dormitorio minimalista y darle exactamente la profundidad visual que le faltaba.

Las piezas de arte son, en este sentido, el camino más inteligente hacia el Déco. Una lámina bien elegida no requiere reformas ni inversiones en mobiliario: basta colgarla para que toda la habitación empiece a hablar un idioma diferente. En la tienda de láminas y cuadros decorativos encontrarás composiciones con esa geometría característica del período que funcionan perfectamente como pieza de arte principal en salones de corte más sobrio.

Dónde vive el Déco en la casa contemporánea

El Art Déco no tiene un espacio predilecto en la casa: lo coloniza todo con la misma convicción. Pero hay ámbitos donde su efecto es especialmente poderoso. El recibidor es quizás el lugar donde más rinde: una mesa de entrada con espejo de sol en latón, un suelo de damero en blanco y negro, y una única lámina de gran formato con motivo geométrico crean una primera impresión que nadie olvidará.

El dormitorio Déco es otro universo. El cabecero tapizado en terciopelo con capitoné geométrico, las mesitas simétricas con patas doradas, las lámparas de mesa con pantallas articuladas en metal lacado: todo contribuye a crear esa sensación de habitación de hotel mítico que hace que uno no quiera levantarse. Un díptico de láminas encima del cabecero, con composición especular y paleta en tonos ámbar y negro, puede ser el detalle que eleve el conjunto de ordinario a extraordinario.

El cuarto de baño, ese espacio que durante décadas fue funcional y olvidado, es hoy uno de los más emocionantes de la decoración. Un baño Déco con suelo de mosaico geométrico, apliques de pared en latón y una pequeña lámina enmarcada en negro sobre el mármol del lavabo es exactamente el tipo de escena que aparece en las páginas de AD y que todo el mundo quiere en su casa.

El Déco como actitud, no como período

Lo más seductor del Art Déco, al final, no son sus formas ni sus materiales: es su actitud. El Déco dice que vivir bien es un arte en sí mismo, que la belleza doméstica no es frívola sino necesaria, que rodearse de objetos y obras que deleitan la vista es una forma legítima —y sabia— de estar en el mundo.

Esa actitud es completamente contemporánea. En un momento en que la cultura del hogar está viviendo uno de sus períodos más ricos e interesantes, en que la gente invierte tiempo y energía en crear espacios que reflejen quiénes son y en qué creen, el Déco ofrece un vocabulario de extraordinaria riqueza y eficacia. No hay que adoptarlo entero: basta con apropiarse de su esencia —la convicción de que la belleza merece un lugar central en la vida— para que cualquier espacio empiece a tener algo diferente, algo que se siente antes de poder explicarse.

El Art Déco no ha vuelto. Nunca se fue. Solo estaba esperando que volviéramos a tener ojos para verlo.

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